El líder por si mismo es el producto, la consecuencia. Ello quiere decir que previo existe una causa, existe “ese algo” que le mueve, que le permite convertirse de un individuo promedio a un líder. Los cinco motores rectores son “ese algo” que hace posible dicha transformación, y éstos son: la necesidad, la fe, la esperanza, el amor y la acción.
La necesidad.
Nuestra realidad no es perfecta, la necesidad surge en aquellos que, siendo demasiado sensibles, les “duele” el mundo. El hombre que vive cómodo rara vez habrá de moverse de dicha comodidad, indudablemente habrá de “dolerle el mundo”. ¿Gandhi se hubiese levantado y actuado con su política de no violencia, si los derechos de los hindúes se hubiesen respetado desde un principio? ¿Juárez hubiese quedado registrado en los libros de historia si desde su nacimiento ya tuviese los mismos derechos y oportunidades que los españoles? ¿La madre Teresa de Calcuta hubiese trascendido si en todo el mundo hubiese solamente amor?
La fe.
La fe; aquella que permite a los individuos creer fielmente en ellos mismos, la que permite saber que pueden hacer algo que cambie el mundo, la que permite creer fielmente en sus principios e ideales como sustentos de ese cambio que estan buscando. El individuo, despues de detectar una necesidad deberá tener fe en si mismo para convertirse en líder.
La esperanza.
Es la esperanza, aquella que va ligada con la imaginación, la que pone en la mente y en los corazones de cada ser la imagen de un estado mejor, de un mundo mejor, de una situación ideal. Aquí, en el tercer motor, aquellos que se mantuvieron en pie darán el primer paso pues tienen esperanza en cambiar la realidad que les "duele", saben que su esfuerzo habrá de rendir frutos tarde que temprano y su actitud toma esta postura dentro de él.
El amor.
Muy pocos habrán de vencer el obstáculo natural que la tercer etapa les marca, pues es difícil mantener la esperanza de cambiar el rumbo de la historia, de lograr la meta. Solo entonces, cuando se enciende el cuarto motor, aquellos pocos sobrevivientes del proceso, podrán ver que aún sin ser capaces de percibir los resultados, vale la pena. El Cuarto motor es el amor en sus múltiples manifestaciones. Habrá de tener un sin fin de vertientes donde las tres más significativas son: el amor propio en exceso, la abnegación (entendido desde el enfoque del amor hacia los demás al grado tal de olvidarse de si mismo) y el amor en su más puro estado, el incluyente, el punto medio donde se ama a la humanidad al mismo grado que se ama el individuo a sí mismo. El amor es quien marca el tipo de líder que nacerá en el siguiente motor.
La acción.
Muchos individuos no estan de acuerdo con su realidad actual pues ven muchas injusticias, incluso algunos tienen fe en que ellos son pieza fundamental para cambiar el mundo al grado tal que nacen frases como "si yo fuera el presidente lo haría de forma diferente", esos mismos individuos tienen la esperanza marcada de que se puede cambiar esa realidad ya sea por su beneficio (amor propio), por el beneficio de los demás o por el beneficio de todos; pero aunque existen individuos así no todos son líderes ¿Por qué?
La respuesta es simple: Porque no actuan. El último motor rector, el de la acción, es la materialización de los anteriores, es el que muy pocos llegan a encender ya que es difícil actuar responsablemente y en sintonia con los otros cuatro. Además de ello, tiene una complejidad extra y es la intensidad de en que se revolucione dicho concepto. Es decir solo las accioens que impacten con una intensidad magna habrán de romper las barreras del tiempo y del espacio. Si la acción que se ejerce es debíl pasará al olvido después de unos días, en contraste si los hechos son significativos para la sociedad y generan un impacto en los corazones y en los pensamientos de las personas entonces dichos actos pasarán a la historia.
Estos son los cinco motores rectores que permiten el nacimiento y el impulso de un líder, sin ellos el líder no puede existir, pues si no tiene necesidad no habrá siquiera de plantearse la posibilidad de emprender su camino, si no tiene fe en él mismo el temor matará toda aspiración a lograr cambiar el mundo, si no tiene esperanza entonces el conformismo y la apatia lo encadenarán a su realidad actual, pero una vez que estos primeros tres motores son encendidos, una vez que inicia el viaje, y logra la experiencia y el conocimiento necesario para realizar su meta; se pregunta de forma interna, inconsciente ¿Para qué? ¿Para quién? Solo así, al contestar estas respuestas habrá de canalizar dichas acciones para lograr la hazaña, así es como nace el líder, aquél que cambiará el mundo.
Muchos hombres y mujeres han pasado al olvido pues los motores rectores de su liderazgo no revolucionaron con fortaleza, su identidad fue más débil y su visión fue corta. Por ello dichos motores deben de encenderse y mantenerse así, vibrando con la intensidad necesaria para lograr la trascendencia misma.
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